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En la escuela

La enseñanza religiosa del joven José Miguel corrió a cargo de su madre. Las letras las estudio en la escuela del pueblo. Los textos estaban en castellano, y los niños desconocían totalmente esta lengua. Se llevaba a cabo con severidad la práctica del anillo, consistente en pasar un anillo a quien hablaba en Euskera, quedando castigado el que lo tenía al final de la jornada. Los niños buscaban como delatar al compañero para pasarle el anillo y librarse del castigo.

Todo ello hizo que la escuela del pueblo no le fuera nada agradable. Progresó sin embargo notablemente. En esta escuela estuvo hasta los 14 años, momento en el que decidió ser sacerdote. Por ello ingreso en la Preceptoría de Baliarrain, siendo muy consciente del sacrificio económico que ello suponía a sus padres. El día del ingreso el preceptor les dijo a los estudiantes que al día siguien te debían levantarse a las seis de la mañana. José Miguel estaba despierto para esa hora y oyó las seis en el campanario de la iglesia. No se oía ruido alguno, ni en el pasillo, ni en las restantes habitaciones y le pareció que debía avisar que era la hora. Tradujo mentalmente lo que quería decir: "Jaunak = Señores, Seiek = las seis, Jo due = han pegado''. Salió al pasillo y gritó: "Señores, las seis han pegado''.

Durante días muchos compañeros le repetían en el recreo: "las seis han pegado".

El cambio de escuela se le hizo muy duro. Por un lado estaba la nostalgia por el hogar, por otro la deficiencia de su castellano. Cuando al finalizar el primer trimestre le entregaron el importe de la pensión, sintió remordimiento por el esfuerzo que hacían sus padres y lo poco que, a su juicio, había adelantado. Ya en casa, por vacaciones de Navidad, dijo a su madre que no deseaba volver a la Preceptoría. Esta le comprendió, pero a la vez supo que el muchacho iba bien en los estudios y que probablemente sería el único estudiante del grupo que podría pasar dos años en uno. Viendo su padre que la preocupación principal era el gasto que ocasionaba a la familia, le dijo: "Si quieres ser cura, adelante. En este mundo, si se quiere algo, hay que esforzarse".

Concluido el curso, los exámenes se celebraban en el Seminario de Vitoria. El Presidente del Tribunal, Rector del Seminario, al llegar el muchacho comentó en Euskara:

"Ataungo frutua"

"Ezola oittua" contestó en verso el muchacho, venciendo su timidez.

("Fruto de Ataun". "No acostumbrado a estos trotes")

Al terminar el examen le dijo: "Sabes más latín que castellano. Pero hay que aprender también castellano".

El muchacho pensó que iban a suspenderle. Esperó con impaciencia la nota y su alegría fue inmensa cuando le dijeron que había aprobado dos cursos en uno.

Solía comentar todavía en 1989 D. José Miguel que recordaba éste, como uno de los momentos más felices de su vida. Volvió a Ataun, con otros compañeros, echando cohetes desde el tren. El último lo echo poco antes de llegar a su caserío.

Al verle su madre tan feliz, pensó que sin duda ella también podía enorgullecerse por el éxito y le llevó a la puerta del caserío, ante el cual tenían dos manzanos con las ramas dobladas por el peso de las manzanas y le dijo:

"Esos manzanos nos dan una gran lección. Cuanto más dan, más humildes".

En otoño volvió feliz a Baliarrain a cursar el tercer año de latín. Pero aquellas segundas vacaciones de Navidad como seminarista fueron las más tristes de su vida. Al comienzo de las mismas murió su madre. D. José Miguel recordaba muy vivamente el inmenso dolor que supuso su muerte.