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1936: El exilio

Llegamos así a 1936. En Julio de este año realizaban Aranzadi y Barandiaran la novena campaña de excavaciones en el yacimiento de Urtiaga (Itziar). El día 18 se enteraron del levantamiento del General Franco. Pensaron que en pocos días terminaría aquella revuelta, por lo que continuaron excavando hasta el día 24, aunque el ambiente de tensión iba creciendo y el movimiento de gentes que huían iba en aumento. Algunas se refugiaban en la misma pensión donde se hospedaba D. José Miguel.

El día 25 a la madrugada se presentó en el lugar un grupo de milicianos y rodearon la pensión. El Jefe de los mismos entró en la habitación que ocupaba D. José Miguel, le pidió la documentación y le preguntó que política tenía. D. José Miguel le contestó que si le hubiera preguntado por qué creía en Dios o por qué era sacerdote, podría contestarle, pues eran temas sobre los que había pensado largamente. Pero que la política era un tema sobre el que no se había detenido demasiado a pensar. Por ello, si le respondía su respuesta sería la de un imbécil, pues de imbéciles era hablar de lo que no se sabe.

El Jefe del grupo le dijo entonces: ''si todos pensaran en España de esta manera, no tendría cabida esta guerra''.

Al ver que la situación iba tomando un aspecto cada vez más preocupante, Aranzadi y Barandiaran se dirigieron a Bilbao, el primero, para reunirse a continuación con su familia en Barcelona, D. José Miguel para continuar sus trabajos en Bizkaia. Al llegar a la estación de Atxuri tres milicianos registraban las maletas de los viajeros. Preguntaron también a D. José Miguel por lo que llevaba en la suya y este contestó que un cráneo. Habían descubierto en efecto durante aquella campaña de Urtiaga el famoso cráneo Bl de este yacimiento. Los milicianos le miraron extrañados y giraban nerviosos en torno a la maleta. La abrió D. José Miguel y al mostrarles el cráneo, uno de ellos le dijo: "!cierre!" Y no pasó nada más.

En Bilbao se despidieron Barandiaran y Aranzadi. Eguren, algo enfermo en aquella época, no les había acompañado en aquella campaña. En ese momento se quebró la labor de equipo realizada por los tres a lo largo de 20 años. Ya no volvieron a verse más. Eguren murió en 1942 y Aranzadi en 1945. D. José Miguel se enteró de estas muertes en el destierro.

Barandiaran, tras realizar algunas prospecciones en la zona de Lekeitio, se trasladó al Seminario Menor de Saturraran, donde 40 seminaristas alaveses, que hacían un cursillo de verano, habían quedado bloqueados, sin poder regresar a sus familias. La presencia de D. José Miguel allí, supuso un gran alivio para todos, ya que tanto profesores como seminaristas estaban asustados.

Entretanto las tropas franquistas avanzaban en Gipuzkoa y D. José Miguel estudiaba la manera de reintegrar a los pequeños seminaristas a sus casas. Tras varias visitas, entre las que se encontraba la realizada a D. Manuel de Irujo, Ministro de la Guerra, se logró pasar a los seminaristas, vía Mondragón.

Una vez realizada esta operación, D. José Miguel logró otro permiso para que otras 18 personas pudieran tomar una embarcación rumbo a S. Juan de Luz.

Salieron una noche del puerto de Motrico, junto con otros fugitivos. He aquí como describe este viaje en su diario:

"A las nueve de la noche vamos al puerto de Motrico... La consigna es "Itziar"... En el puerto se aglomera mucha gente. Aquello es un hervidero y buen ejemplo de desorganización. Una lancha lleva penosamente a la gente a los vaporcitos, los cuales, debido a la marea baja, nos esperan mas allá del muelle...

Somos unos 45 fugitivos. Con nosotros embarcan cuatro o cinco mendigoizales armados de fusiles, por si hiciera falta defendernos.

Salimos hacia el destierro a las 11 h. menos cinco minutos Las estrellas siguen su curso silenciosas. Vamos dejando atrás el grupo de lucecillas, que indican como vamos dejando atrás Motrico. Después divisamos grupos análogos de Ondarroa, Deva, Itziar... Vamos lejos a alta mar, para torcer después a la derecha, rumbo a S Juan de Luz. No llevamos luces para no ser vistos. Irigoyen enciende un chisquero para encender un cigarro; una lluvia de protestas cae sobre el de todos los lados de la embarcación.

Llegamos a Socoa a las cinco de la mañana. Es un viaje triste: con nosotros van muchos jóvenes de Motrico, que huyen de la guerra y que no saben que harán, dónde se albergaran, ni a dónde deben encaminarse una vez arribados a S. Juan de Luz. A mi lado va una señora que, a ratos, llora amargamente. Todos lamentan su propia suerte".

El plan de D. José Miguel y otros profesores que pasaron a S. Juan de Luz con él era pasar de allí a Vitoria para el nuevo curso. Pero al intentar obtener el pasaporte vieron que se les negaba el regreso. D. José Miguel se enteró además, que no podía volver al Seminario. Su culpa, pensó él, debía de estar en el tema de sus investigaciones, ya que nunca se había metido en política.

También su obispo, D. Mateo Múgica, había sido desterrado.

De todas formas desde el Seminario de Vitoria le encargaron que pasase al Seminario de Bayona y atendiese en este a los seminaristas vitorianos refugiados en él.

D. José Miguel siempre pensó, a raíz de esto, que antes o después le llamarían del Seminario de Vitoria. Esperando esta llamada rehusó obras importantes de participación en distintas Universidades. Hay que notar que una de estas invitaciones fue para ocupar una cátedra en la Columbia University de Nueva York, y la recibió en Octubre de 1939, después de iniciada la guerra mundial, cuando los vascos exiliados en Francia presagiaban días difíciles.

A comienzos de 1937 inició las investigaciones prehistóricas y etnográficas en el País Vasco Continental y en 1938 reanudó los trabajos del Laboratorio de Etnología y Eusko-Folklore, con la subvención de los Museos de Francia. Por aquello de que no hay mal que por bien no venga, los años del exilio le sirvieron para conocer e investigar aquella parte del País Vasco, que apenas conocía.

Fijó su residencia primeramente en Biarritz, acompañado de una sobrina, que antes del año tuvo que dejarle, para acudir a Ataun a cuidar a su madre enferma. Vino entonces a sucederle su sobrina Pilar, hija del hermano mayor de D. José Miguel, que es quien le acompañó durante todo el resto de su destierro y le siguió acompañando fiel y solícitamente hasta el día de su muerte.

En 1941 se trasladan a Sara, donde pasan los restantes 13 años de exilio. Aquí, en la casa Bidartea, continuó las investigaciones prehistóricas y etnográficas. Entre estas últimas destaca precisamente el estudio etnográfico de esta localidad, que fue publicándose posteriormente en el Anuario de Eusko-Folklore.

Durante estos años trabajo además, por encargo del Ministerio de Educación de Francia, como miembro de la Comisión de Monumentos Históricos, realizando el inventario de los Monumentos Megalíticos de los Bajos Pirineos.

A la vez le pidieron, desde la Universidad de Frankfurt, colaboración para la revista que allí publicaban. Estos trabajos le exigían visitar constantemente la zona pirenaica y a fin de poder circular libremente en sus andanzas por la región, recibió de las autoridades alemanas un documento oficial.

Para todos estos trabajos precisaba del fichero que tenía en el Seminario de Vitoria a por el que envió a su sobrina Pilar a esta ciudad, pero esta regresó desolada diciendo que al volver con el citado fichero, se lo habían quitado en la frontera las autoridades españolas, diciéndole que en el se contenían documentos peligrosos.

D. José Miguel acudió a las autoridades alemanas contándoles lo ocurrido y estas le trajeron el fichero al día siguiente.

Terminada la guerra mundial, aun continuaban las secuelas de la guerra civil española y es entonces cuando D. Mateo Múgica, el obispo desterrado de Vitoria, escribió el famoso documento "Imperativos de mi conciencia" en cuya génesis D. José Miguel tuvo parte fundamental. El citado documento es una nota discordante frente a la aquiescencia con que el episcopado español había recibido el levantamiento franquista.

En el plano de la investigación, el año 1916 funda "Ikuska, Instituto Vasco de Investigación'', que en realidad es la continuación de la Sociedad de Eusko-Folklore fundada en Vitoria en 1921. Ikuska tiene como finalidad el promover el estudio de la población de los Pirineos Atlánticos e investigar los modos de vida tradicional. Se propone también investigar las huellas del hombre prehistórico y de su cultura en las regiones pirenaicas. Entre los miembros colectivos de Ikuska figuran instituciones de Bayona, Burdeos, París, Toulouse, Estocolmo, Helsinki, Los Angeles, Berkeley, etc. Se comenzó asimismo a publicar la revista Ikuska y en ella se publicaron importantes trabajos entre 1946 y 1951, fecha en que dejó de aparecer.

Durante estos años es también intensa la participación de D. José Miguel en Congresos y Conferencias internacionales. Entre 1946 y 1951 participó en Londres, Oxford, tres veces en París, dos en Bruselas,...

Por otro lado en 1917 se creó otra revista, Eusko-Jakintza, que tendía a cubrir el vacío dejado por la RIEV (Revista Internacional de los Estudios Vascos) que se publicó desde 1907 hasta 1936. La dirección de esta revista recayó sobre D. José Miguel.

Por esta época comienzan en serio los intentos de lograr el regreso de D. José Miguel a su pueblo natal. Había habido anteriormente otros en el mismo sentido pero una ficha existente en la Dirección General de Seguridad de Madrid, tildándole de filo-judío y filo-masón le inspiraba poca confianza para emprender tal regreso.